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viernes, 13 de junio de 2008

La opinión de una experta


Opinión: CHEQUE ESCOLAR, ¿UNA SOLUCIÓN?
España Liberal (Enviado por: Nieves Ciprés) , 04/06/08, 05:59 h

Nieves Ciprés: Creo que la entrega del cheque escolar a los padres es el modelo idóneo para que las preferencias de los padres influyan en la oferta educativa, aumente la calidad de la enseñanza y se limite el totalitarismo de la izquierda...
El derecho y la responsabilidad de la educación y de la formación moral de los hijos corresponden a los padres, no al Estado. De ahí que ese derecho quede protegido, legalmente, tanto por la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas como por la Constitución española y al estado le corresponde garantizar y posibilitar este derecho. Una sociedad libre merece una ley de educación que ampare la variedad de proyectos educativos para elegir según nuestras convicciones pedagógicas, laicas o religiosas. Sin embargo, este gobierno Zapatero impone la LOE y ejerce un control absoluto del sistema educativo para transformar la sociedad española y su herencia cultural cristiana.
Creo que la entrega del cheque escolar a los padres es el modelo idóneo para que las preferencias de los padres influyan en la oferta educativa, aumente la calidad de la enseñanza y se limite el totalitarismo de la izquierda. Este modelo consiste en entregar a los padres una cantidad de dinero por cada hijo en edad escolar, para que sean escolarizados en el colegio en el que decidan los padres. Con este sistema, los padres conseguiríamos escolarizar a los hijos en libertad; se conseguiría que el “estado” no manipule, domine e intervenga en tareas educativas que no le corresponden y que desembocan en el adoctrinamiento moral de nuestros hijos; se conseguiría acabar con la llave-manejo de las subvenciones a colegios públicos, privados y concertados; se conseguiría que todos –incluidas las familias con renta baja- pudieran elegir aquél colegio que sin el cheque escolar sería imposible. Conseguiríamos así una educación libre que diera lugar a ciudadanos informados y críticos, algo que el estatismo no está dispuesto a tolerar y en la actualidad estamos sufriendo con la asignatura de Educación para la ciudadanía, impuesta por este Gobierno en España –también en Navarra-.
No es extraño, pues, que una de las consignas de la izquierda para justificar su monopolio sobre la educación es que, algo tan importante, no puede dejarse en manos del "neoliberalismo salvaje". Y ese "neoliberalismo" pasaría, sin duda, por el cheque escolar. Esta fórmula, propuesta por primera vez por Milton Friedman en 1955 en su ensayo “El papel del Gobierno en la Educación”, en la actualidad ya funciona en Suecia, Nueva Zelanda, Australia, Italia y varios estados de Estados Unidos y con resultados muy positivos.
Por eso considero que, ante este atropello de adoctrinamiento y de represión a la libertad que estamos padeciendo con este gobierno, es imprescindible que los padres respondamos y recuperemos el derecho a decidir qué educación queremos para nuestros hijos y el cheque escolar podría ser un instrumento muy útil y quizá el principio de una solución

jueves, 13 de diciembre de 2007

Valores no negociables

Reproducimos artículo publicado por Eulogio López, en la Hispanidad, subrayando aquellas frases que más nos interesa destacar.

El amigo Burke, Edmund para los amigos, aseguraba que “para que triunfe el mal sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Falta poco para las próximas elecciones generales en España y hay una serie de españoles huérfanos. Me refiero a los católicos coherentes con su fe, entre los que deberían contarse, supongo, los ocho millones que pierden una hora de su día de descanso para hacer algo tan poco popular, y en principio tan poco divertido, como acudir a misa.
El Partido Popular está feliz. No tiene por qué preocuparse del voto cristiano, por dos razones:

1. Por el gran invento de esa estadista luminoso que fue José María Aznar, quien, ayudado por esa otra lumbrera llamada Pedro Arriola, y por un montón de almas laicas, sentenció que “el voto católico no existe” y...
2. Porque las formaciones extraparlamentarias que han tratado de obtener ese voto han sufrido la merma propia de los católicos en el foro: en cuanto se reúnen dos surge una herejía, un cisma o una apostasía. En resumen, una bronca enorme. Entre católicos, ya se sabe, el número ideal de socios es impar e inferior a 3.

Por tanto, don Mariano se puede permitir el lujo de abofetear a los católicos cuanto les plazca mientras se rinde, sumiso y servil, ante ese voto de centro que vaya usted a saber qué es. Porque claro, los católicos tienen que votar al PP, sí o sí.

Y así es como llegamos a la gran paradoja: un país con ocho millones de católicos practicantes y un 70%, unos 30 millones de personas, que se dicen católicos, pero en el que dos partidos que promulgan leyes anticristianas -sí, anti-, como son el PSOE y el PP, se reparten el 85% de los votos. Curioso ¿no?

Ahora bien, ¿qué es una política cristiana? Pues como no nos vamos a poner de acuerdo entre la parroquia, acudamos al Papa. En su carta pastoral Sacramentum Caritatis, Benedicto XVI nos sorprendía con el siguiente párrafo:
“Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.(230) Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.(231) Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado”.

¿Ven qué fácil? Vida, familia, libertad educativa y bien común. La vida la han fastidiado por igual PP y PSOE. Éste introdujo el aborto, pero aquel inició la masacre de embriones y potenció en España el aborto químico, con la píldora abortiva y la postcoital. El PSOE se lleva la palma en ataques contra la familia, con el gaymonio y, aún más, con el divorcio express. En educación, el PSOE vende relativismo y el PP liberalismo, el PSOE le cede el poder a los funcionarios y el PP a los empresarios: ambos consideran que creer en algo es una forma de fanatismo y ambos odian el cheque escolar. Respecto al bien común es algo tan concretable como cualquier otra cosa. Ahí el PSOE lleva ventaja al PP, con una apuesta por la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), que un católico sólo puede aplaudir con ganas y del que sólo puede surgir una crítica: los salarios bajos aún siguen siendo bajos en España, con ellos es difícil formar una familia numerosa, familia que, en el mundo actual, constituye la marca de fábrica de una existencia comprometida. Y luego salario maternal.

A estos cuatro principios no-negociables, yo añadiría un quinto, asimismo repetido tanto por este Papa como por su antecesor: la libertad religiosa, verdadera piedra angular de las libertades individuales en el siglo XXI.
Ahora bien, decía Einstein que es más fácil romper el átomo que romper un prejuicio. Por tanto, es necesario olvidar las éticas y comprender que las ideologías hace tiempo que transitaron por el crepúsculo y ahora viven en noche oscura; de ellas, sólo queda precisamente eso: prejuicios. Por tanto, lo lógico es que esos cinco principios constituyan un banderín de enganche para quien quiera apuntarse, independientemente de su estación de procedencia. Es igual que venga de la derecha o de la izquierda, del liberalismo o del socialismo, del centralismo jacobino o del nacionalismo soberanista. Si cree en la vida, la familia natural, la libertad de enseñanza, la justicia social -o concreción moderna del bien común- la libertad de culto, los cinco principios no negociables... entonces puede apuntarse a esta agrupación electoral, a esta coalición, modelo Izquierda Unida, donde cada partido, formación o asociación, puede sentirse cómodo... sea cual sea su origen.

Lo que está claro es que los cristianos, o aquellos que crean en esos cinco principios, independientemente de su credo, no podemos perpetuar ese mal menor, que amenaza con ser mayor, el llamado centro-reformismo, es decir, el Partido Popular.
¿Quién se apunta al manifiesto de los 5 principios no negociables?
Eulogio López

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Opina un experto

Les pido perdón. La semana pasada escribí entusiasmado sobre la posibilidad de Utah de tener vales de educación. A estas alturas ya sabemos que los votantes dijeron no. Pero aunque hubieran hecho lo contrario, y pese a que el experimento de los cheques escolares es buena cosa, en todo caso muy superior a un monopolio dirigido por el Gobierno, me pregunto si no fui demasiado entusiasta.
En palabras de Sheldon Richman, editor de la revista The Freeman y autor de Separar a la escuela del Estado: "Que el dinero 'público' vaya a escuelas privadas no es un buen presagio para el futuro de esos centros. Observe que la ley de Utah exige que los centros privados celebren un examen homologado a nivel nacional y aprobado por el establishment educativo. Pero quien controla el examen controla el plan de estudios. Los centros tendrán que preparar a sus alumnos para ese examen. Eso reduce las posibilidades de innovar y hace que los centros privados se parezcan más a las escuelas públicas."
Es posible que el Estado realmente no pueda facilitar la elección. Sabemos que su dinero viene con condiciones. Los fondos federales para construir carreteras incluyeron como requisito leyes que obligaran a ponerse el cinturón de seguridad y la imposición de límites de velocidad de 55 millas por hora.
En los años 70, al Grove City College de Pennsylvania se le exigió por ley certificar que cumplía con el Título IX, que prohíbe la discriminación por sexos. La universidad privada de humanidades no estaba acusada de discriminación, pero no obstante planteó objeciones a la orden porque no recibía dinero federal. Los federales insistieron, diciendo que, puesto que algunos estudiantes recibían ayudas federales, eso suponía un subsidio indirecto procedente del Estado. El Grove City llevó el caso al Tribunal Supremo norteamericano y perdió.
Sería asombroso si el Estado no pusiera condiciones a sus becas. De hecho, no hacerlo parecería irresponsable. Es un buen motivo para no pedirle dinero.
Pero incluso sin condiciones directas, el dinero público corrompe a quienes lo reciben. El especialista en educación Charles Glenn escribió en 1989:
Aquellos que creen firmemente en la educación religiosa y temen que la influencia del Estado llegue con la financiación pública tienen motivos para preocuparse. Los centros católicos y protestantes en Francia, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña, Canadá y Alemania Occidental han sido asimilados cada vez más por las premisas y los valores de la enseñanza pública. Este proceso no parece siquiera el resultado de un esfuerzo deliberados (...), sino de la dificultad de mantener distancias con las premisas y valores del sistema imperante por parte de un centro privado que juega según las normas públicas.
Una vez que el sistema de cheques se extienda, podemos contar con que el establishment educativo, especialmente los sindicatos de profesores, encontrará la forma de darle la vuelta para que funcione a su favor. No tendrá que buscar ideas muy lejos. Hace varios años, el New Democrat, publicado por el Democratic Leadership Council (los demócratas "moderados" a los que Bill Clinton lleva asociado desde hace tiempo) y el Progressive Policy Institute (una organización fundada por mi cuñado), recomendó que cualquier programa de cheques escolares obligase a los centros privados a admitir a todos los niños y "cumplir o superar ciertos estándares de funcionamiento para seguir recibiendo fondos del contribuyente".
El editorial, titulado Contraatacando a los cheques, afirmaba: "Una enmienda semejante convertiría en la práctica a los centros privados que recibieran cheques en Charter Schools públicas. Un centro público no se define por quién 'lo posee', sino por sus características: acceso universal y transparencia de resultados frente al público". En otras palabras, el dinero de los cheques es un obstáculo que los "edúcratas" pueden sortear.
Por supuesto, para nosotros los liberales la mejor idea es separar la escuela del Estado de un solo golpe. ¿Cómo se podrían permitir los padres la matricula? Bueno, para empezar tendrían más dinero si no tuvieran que pagar tan altos impuestos para pagar escuelas públicas gestionadas con la incompetencia que les caracteriza. Muchos centros privados hacen ya un trabajo mejor que los públicos por la mitad del coste. Por toda África, padres mucho más pobres que los norteamericanos pagan por enviar a sus hijos a colegios privados con ánimo de lucro. Las organizaciones privadas de caridad ayudarían a quienes realmente no tienen dinero para pagar la matricula, como hago yo a través de la maravillosa Student Sponsor Partners.
La educación es demasiado importante para dejarse en manos del Estado. Cuanto más libres sean padres y empresarios, mayor innovación habrá en la enseñanza norteamericana y más aprenderán los alumnos.